lunes, 26 de diciembre de 2016







El Régimen se hunde como empresa aunque se sostenga como tinglado

Dionisio Ridruejo






Se podría decir que son dos personas, padre e hijo, como le pasó a aquel funcionario de prisiones franquista, que pensaba que encarcelaba al hijo cuando estaba encarcelando al padre. Y eso hubiera sido lo normal: un padre facha y un hijo rojo, nada nuevo bajo el sol. Pero no, el Dionisio facha y el Dionisio rojo eran el mismo, el Dionisio padre y el Dionisio hijo también. Es raro, pero a veces pasa, un hombre vive varias vidas, crea varios hombres sin dejar de ser la unidad primaria. Dionisio Ridruejo no son dos personas, son tres, son incluso cuatro. Y todas vivieron vidas interesantes dentro de un mismo cuerpo.

Pero empecemos por el principio. Tomo la anécdota del funcionario de prisiones (que le dijo: “Yo fui a ver un discurso de tu padre”, sin saber que el discurso se lo había dado la misma persona que tenía delante) de un libro que encontré por casualidad en una librería de segunda mano: “Dionisio Ridruejo, poeta y político: relato de una existencia auténtica”. Es uno de esos libros que le llaman a uno la atención, porque además está editado por Caja Duero. Lo escribe Manuel Penella y sólo le encuentro una pega: dice que el Duero provocó una inundación al pasar por el Burgo de Osma y eso no es exacto, el Duero pasa a unos cuantos kilómetros de Osma, el que cruza el pueblo es su afluente Ucero. Por suerte luego lo apaña al contar la manía que le tenían los de Osma a los remolacheros de La Rasa por haberse quedado con la estación de ferrocarril, y es en esos pequeños detalles donde sé ve que el autor conoce el terreno que pisa. (...)






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miércoles, 26 de octubre de 2016













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Nosotros, los sensatos, no queremos pensar en esas cosas. Los sensatos trabajamos y pagamos los impuestos. Y odiamos el trabajo y odiamos quedarnos sin trabajo. Nos tapamos con capas y capas de máscaras y al final no sabemos quiénes somos. ¿Qué dice una máscara que no dice nada? Pues todo. Sin decir nada lo puede decir todo. Ya puede venir Munch y gritarnos a la cara, ya puede venir Freud y decirnos que todo arranca con la estampida de un caballo desbocado. La muerte y la locura juegan a esconderse en nuestras máscaras, y nosotros los sensatos las queremos espantar como se espanta a una mosca.

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domingo, 7 de agosto de 2016







UN VERANO EN EL PÁRAMO




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Cuando llegué a Tiermes por primera vez, me contaron que por uno de estos valles perdidos los americanos habían montado una base secreta, tan secreta que nadie sabía dónde estaba. Por entonces las sierras no tenían esos modernos molinos de viento y las carreteras eran aún peores, lo que ya es decir. Las nevadas del invierno eran (y son) terribles. No sé si la historia es cierta o no, pero me pareció que aquel era el mejor lugar del mundo para esconder una base militar secreta. Si sales de Berlanga del Duero, de El Burgo de Osma o de San Esteban de Gormaz, todo lo que encuentras durante cientos de kilómetros a la redonda son trigales, campos de girasol, encinares, pinares y estepas desoladas. Los pocos pueblos que hay, además de ser muy pequeños, tienen la extraña costumbre a primera vista de colocarse en los lugares más recónditos, generalmente alejados de las pocas carreteras. Tal vez el hecho de buscar el fondo de los barrancos o los pliegues de las colinas se deba a las terribles condiciones climáticas; o tal vez se debe a que sus habitantes, a fuerza de estar solos, han llegado a amar la soledad. O no, o uno lo ve todo desde el prisma del urbanita y la vida en el páramo es otra cosa, otra cosa que para entender hay que vivirlo en primera persona. 
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