viernes, 19 de junio de 2020

sábado, 13 de junio de 2020
















Últimos relatos publicados:




Esta historia es absurda de la cabeza a los pies pero no más que la vida. Voy a contarlo todo, punto por punto y coma por coma. Voy a contarlo como lo recuerdo, que no tiene por que ser como pasó. Prometo no mentir y prometo intentar no guardarme nada, por mucho que me cueste. Es todo lo que puedo hacer.
Para empezar tengo que decir que yo tenía menos de cuarenta años, 38 para ser exactos, pero ya no esperaba nada de la vida. El éxito me había llegado demasiado pronto. Pero el éxito no tenía la culpa. O no tenía toda la culpa.  Eso era algo que tenía que ver con mi carácter, con una parte de mi carácter oscura, impenetrable, dura y bien agarrada a mi alma. No podía hacer nada contra ello. Yo estaba destinado a sufrir. A no encontrar mi sitio. A ser un bicho raro estuviera donde estuviera. Con dinero o sin dinero. Con éxito o sin éxito. Pero no voy a hablar de eso ahora. No. Esta no es mi historia. Esta es la historia de T.
Supongo que debería empezar por contar cómo la conocí. En realidad eso importa poco. Nada de lo que pasó después se podía adivinar en aquel momento. Nada estaba previsto. Nada siguió un orden lógico o simplemente un orden. Fue simple causalidad. Simple fruto del azar, de múltiples factores intrascendentes. Y si después la cosa tomó una dirección concreta fue algo que no tuvo nada que ver con cómo empezó, ni tuvo nada que ver con algo de lo que pasó en muestro primer encuentro (...)

HISTORIA DE T. 




Se había quedado encerrado en su propio cuarto. Era evidente pero no acababa de creérselo. Y eso que no era la primera vez. Esa puerta tenía muy mala sombra. Varias veces habían hablado de cambiarla pero hasta ahora no lo habían hecho. A él no le gustaba nada quedarse atrapado. Odiaba los ascensores y los sitios estrechos y oscuros. Pero su dormitorio era espacioso y luminoso. De todas maneras la situación no era nada agradable. Encerrado en su propio dormitorio… ¡Qué absurdo!
“Si por lo menos alguien pudiera abrirme…”, pensó, resignado. Pero estaba solo. Su mujer acababa de irse al trabajo. Ella había pasado por delante de esa puerta hacía menos de cinco minutos. Y él ya estaba despierto, pero no se había levantado para despedirla. Aquello había sido un error. Una persona que se levanta de madrugada para ir al trabajo se merece que, al menos, alguien le despida con un beso en la mejilla y un par de frases amables. Y él llevaba tiempo sin ser considerado con ella. Claro que ella también llevaba tiempo sin ser considerada con él… “Tengo que pensar en algo”, se dijo. No era momento de reproches. Su mujer tardaría diez horas en volver a casa. Tenía que pensar en algo… Y rápido…

CAMINO DEL TRABAJO.



martes, 26 de mayo de 2020





PALABRAS PARA UN DOMINGO


Alégrate de levantarte un domingo, un domingo cualquiera
y tener dos piernas y poder andar.
Alégrate de tener una mujer a tu lado, durmiendo en la cama grande,
una mujer a la que abrazar y que te dé calor en las largas noches de invierno.
Alégrate de oír las risas de tus hijos. Y que te pidan la leche o te pregunten
qué pantalón ponerse.
Y alégrate de tener leche en la nevera y un pantalón para salir de casa.
Vienes de las pesadillas de la noche, de los fantasmas silenciosos
e invisibles, que te observan y vigilan en la gran sala vacía.
Están ahí y no aparecen. Y la sala vacía del cine tiene el proyector encendido.
Y la pantalla en blanco.
Ves las sombras que la cruzan y sabes que los fantasmas no tienen sombras.
Y luego el pasillo cada vez más estrecho, y la puerta de la calle y tú cada vez más cerca
y el pasillo cada vez más estrecho. Y la luz
en la calle.
Y tú que no llegas, que no puedes llegar.
Pero abres los ojos. Se acabó la pesadilla. La casa está en silencio.
Hay luz en el comedor.
Alégrate de tus pesadillas. Sólo los vivos tienen pesadillas.
Alégrate de tener una mujer a la que contarle tus pesadillas.
Alégrate de tener unos hijos que te contarán sus pesadillas.
Alégrate de tener una lavadora que poner y unos platos que fregar.
Porque es domingo, un simple domingo, y tienes toda la mañana por delante.
Porque es domingo, un simple domingo, y estás vivo
y has salido de tu pesadilla.








domingo, 3 de mayo de 2020




ÉRAMOS JÓVENES Y HERMOSOS


Éramos jóvenes y hermosos
y no lo sabíamos.
Éramos fuertes y puros
y la fuerza y el amor
se nos escapaba entre los dedos,
por los poros de la piel,
en el brillo de la mirada…
Tanta luz ciega el espíritu.
Pero luz con luz se une.
El mundo y los ojos
brillaban juntos
y todo era vivido
con la pasmosa naturalidad de los sueños.
¿Era acaso eso, la vida, un sueño hermoso
y nada más que eso?
Por desgracia despertamos un día.
Y eso nos pareció exactamente la vida: un hermoso sueño
extinguido.
La luz del mundo
declinaba lentamente.
La luz de nuestras pupilas
brillaba aún, pero ya
no era suficiente.
La frialdad de las cosas
repelía nuestro calor.
Y el espíritu se iba enfriando
en silencio y despacio
como un fuego olvidado por una caravana entre
un círculo de rocas.
Nos hemos desperdigado y nos hemos perdido
y en la noche, de tanto en tanto, alguien grita,
una voz nos llega, honda y sombría, desde muy lejos,
y por un instante el alma se estremece y una brasa salta
entre cenizas frías.
Hay calor aún. Hay manos que esperan.
Pieles que se frotan. Miradas que se buscan.
¿Y esta noche larga, durará por siempre?
Las montañas oscuras empujan las preguntas hacia arriba.
Las muerden y las escupen. Juegan con ellas.
Mientras en la tierra
la caravana se precipita, callada y muda,
errática y ciega
al fondo de la noche.

                       (poema perteneciente a "El final del banquete", Pretextos 2017)



viernes, 1 de mayo de 2020








                                                                        España en Regional. Diario fotográfico. 25-32