sábado, 13 de abril de 2019





LA CITA DE HOY...





Una de las principales razones por las que decidí decir lo que tenía que decir con la fotografía fue precisamente para evitar escribir. Tengo con "lo escrito" una relación de amor y odio que me lleva a rodearme de libros con letras y al mismo tiempo evitar tener que redactar cualquier idea u opinión, y muchos menos tener que compartirla.

Lo que dejas escrito no cambia al mismo ritmo que tu opinión y entiendo que es una actividad de riesgo que se puede volver en tu contra. Por eso mejor lanzar tus ideas con un lenguaje más abierto, donde sólo queda constancia de que una vez opinaste sobre algo, pero sin llegar a sentar cátedra sobre su contenido. La fotografía y el uso que hago de ella es el medio que más flexibilidad me ofrece. También es el lenguaje que prefiero consumir, porque no cierra las puertas tras de sí.

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Muchos de los que dimos el salto hacia un nuevo lenguaje veníamos de un puesto seguro en un negocio debilitado como la prensa. Muchos vimos como conseguir una publicación o incluso un encargo se había convertido en una gesta imposible y quizá lo que hizo detonar todo fue que ninguno decidió abandonar y sacarse unas oposiciones a bedel. El objetivo seguía siendo el mismo: compartir un proyecto y que llegase al público. Y en esta última fase, por suerte, también había sufrido una pequeña revolución. Para publicar un libro o una revista no necesitabas una editorial detrás. Casi al mismo tiempo que Obama acuñaba el "Yes, we can", en España algunos decidimos tomárnoslo al pie de la letra".


(Cristina de Middel, Detesto escribir, prólogo al libro "Un cierto panorama: Reciente fotografía de autor en España". Catálogo a la exposición de igual nombre en la Sala Canal de Isabel II, Madrid, 2017)








martes, 22 de enero de 2019






LA CITA DE HOY...


Las fachadas de los edificios en España estaban todas negras, sucias, muchos coches circulaban con el tubo de escape roto. Todo era pobre y ruidoso. Decidimos ignorar que vivíamos en un país tan subdesarrollado y empezar a comportarnos como si viviéramos en uno moderno.

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Es curioso que en esos años una música molesta, irritante, concebida para provocar y crear desazón triunfase. Esa fue la anomalía. Es más lógico lo que pasa ahora: con la crisis de la industria, no se la juegan, solo apuestan por música tranquilizadora que no requiera un esfuerzo del oyente. La escritura está siguiendo el mismo camino. Se promueven los estereotipos y los lugares comunes, fáciles de reconocer, con una escritura sencilla. Si en algo cuesta un mínimo esfuerzo meterse, criba público o lectores. Y la industria ha decidido que ya no puede permitirse perder ni un comprador por esa criba.





(Sabino Méndez. Entrevista para Jot Down Smart nº 39.)


viernes, 20 de julio de 2018








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Ahora cualquier pueblo, mientras tenga un tamaño adecuado para ser llamado pueblo y no pedanía o aldea (y aún así hay excepciones) ya dispone de una piscina municipal. Y esta piscina municipal es un buen lugar para pasar las peores horas del día, sobre todo si también tiene un bar o un merendero en condiciones. Nuestro pueblo, el pueblo que ya sólo es nuestro en agosto, el pueblo en el que aún se nos conoce por los apodos de nuestros padres, tiene una buena piscina municipal, desde luego, una piscina estupenda. Pero nosotros preferimos el río. O los ríos, mejor dicho, porque con uno no tenemos bastante. Por eso algunos días andamos hasta el Palancia, que supone una muy agradable excursión entre campos y pinares. O cogemos el coche, y hacemos algunos kilómetros hasta el Millares. No vamos solos. Otras familias con otros niños vienen con nosotros. Lo hacemos por ellos, nos decimos, lo hacemos por los niños, para que vean otros sitios, para sacarlos de la rutina, para que sepan lo que es bañarse en un río. Ellos son niños de ciudad. Saben mucho de piscinas, de toda clase de piscinas, pero no tienen idea de ríos, de las corrientes fuertes, de las aguas muy frías y oscuras que casi nunca se remansan, de las piedras del fondo, esas piedras que según el momento del verano, emergen o están ocultas peligrosamente bajo la superficie uniforme del agua, de los peces y los pájaros y las serpientes y las ranas, de las ardillas y los lagartos, de las orillas resbaladizas y de los troncos caídos que sirven de improvisados puentes y trampolines, de los prados y bosques de ribera donde pueden jugar libremente después de bañarse.

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VERANO ENTRE RÍOS. VER AQUÍ:

https://elcuadernodigital.com/2018/07/11/verano-entre-rios/







sábado, 16 de junio de 2018










Maneras de no mirar el mundo. Podría decir que el móvil es una manera de no mirar el mundo, pero esto supondría aceptar la afirmación de que sin el móvil (y antes del móvil) sí mirábamos el mundo. Y no puedo aceptar esa afirmación. No puedo aceptarla porque creo que nunca hemos mirado el mundo, nunca hemos mirado cómo es realmente el mundo. Porque eso da miedo, porque la realidad a veces es resplandeciente, tan brillante que quema las pupilas, pero otras veces es sucia, oscura, turbia, fea, desagradable, molesta, insoportablemente dolorosa, o insoportablemente anodina. Y por eso siempre miramos el mundo de reojo, siempre pasamos de puntillas por la realidad. Y nos inventamos la literatura, y la filosofía, y caemos en los tópicos y caemos en nuestras propias mentiras inútiles. Y buscamos en la religión o en el capitalismo, en el placer inmediato o en la renuncia ascética. Todo vale. Todo menos mirar la desnudez del mundo, la desnudez de la realidad. Y en eso el móvil nos ha venido a salvar.

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http://lasoga.org/maneras-de-mirar-el-mundo/